lunes, 26 de julio de 2021

Los juegos de pólvora en Santo Domingo de Heredia. Es una breve reseña sobre una tradición arraigada entre los habitantes de Santo Domingo de Heredia: los juegos pirotécnicos.

 

Los juegos de pólvora en Santo Domingo de Heredia

 

El día 23 de julio se recordaron los 130 años de la consagración de la Basílica de Santo Domingo.

De la consulta con dos interesantes obras, me pareció interesante hacer estos apuntes.

Para el bicentenario del templo de la Inmaculada Concepción en Heredia, se publicó el libro "Heredia. Historia, tradiciones y vivencias", de don Carlos Meléndez Chaverri (q. d. D. g.) como autor y compilador.

Entre los relatos y comentarios recogidos en ese volumen, está el titulado "Eusebio Chaverri, mejor polvorista del país", por don Francisco María Núñez Monge.  Se narra el origen de la práctica de los "juegos de pólvora" en Heredia, con la llegada del padre Manuel Paúl a la población, en el decenio de los 40 del siglo XIX.

Comentaba don Francisco: "Las fiestas patronales también han permitido quemar muchos quintales, toneladas de pólvora elaborada.  Pero ninguna población invirtió más dinero en juegos pirotécnicos que Santo Domingo de Heredia. Cuando se celebró el quincuagésimo aniversario de la bendición de la basílica que obligó a un mes de fiestas.  Los capitalistas del lugar entraron en competencia a ver cuál se distinguía como mantenedor".

Heredia y cantones circunvecinos se conocieron siempre por la práctica de reventar bombas, por la cercanía de barrios y distritos que con frecuencia o secuencia celebraban las fiestas patronales.  Un viejo conocido mío, que llegó a vivir a San Pablo hace más de 40 años, comentaba lo que le dijo una persona cuando supo que había comprado casa en esa localidad: "Ponga atención, porque todos los días va a oír bombetas."  Y la persona ésta así lo confirmaba como un hecho constatado.

 

Atte. Juan E. Cruz A.                              lun, 26 jul 2021 a las 15:40

 

domingo, 16 de mayo de 2021

Una idea sobre conservación del patrimonio

 

Conservación del patrimonio

 Casi ninguna idea sobre conservación del patrimonio es nueva, ni es la primera, como la presente.

 En estos últimos meses se ha estado leyendo sobre "Concesiones", que es una figura de alianza público-privada para lograr un fin, generalmente de obra pública pero también de prestación de servicios.

 Tanto la financiación como la administración son posibles contribuciones del sector privado a algunos propósitos de interés público.  No toda concesión es necesariamente costeable sin aporte público, pero la confluencia de intereses puede ser una vía para alcanzar esos propósitos.

 Santo Domingo, como ya se ha advertido por décadas y con llamados para declararle un "alma" o "núcleo" patrimonial, está absorbido por la metrópolis, y cada día se van poniendo en venta más esquinas de edificaciones de adobe o bahareque.

 Las municipalidades y el Ministerio de Cultura podrían desarrollar un modelo de concesión para que el dinero privado adquiera esos inmuebles, a efectos de su conservación y mantenimiento, y lo administre mediante arriendo a habitantes que cumplan con cierto perfil, inclusive para usos empresariales.  Podría ser necesario que la administración pública correspondiente deba contribuir para mantener el equilibrio económico, pero esto no es ni extraño ni inusual.

 

Atte. Juan E. Cruz A.        14-5-2021

 

 

martes, 4 de mayo de 2021

Andar o dormir sobre las aguas. Anécdota de paseantes domingueños en playa del Coco, Guanacaste.

 

ANDAR (O DORMIR) SOBRE LAS AGUAS

 

El fallecimiento de una señora vecina me hace recordar una anécdota que ocurrió en el matrimonio de su hija, hacia finales del siglo XX.

 

Me la cuenta otra protagonista, quien asistió a la celebración, incluido un paseo a playas del Coco, en Guanacaste.  En autobús desde Santo Domingo, una buena delegación asistió entusiasmada.

 

La fiesta se prolongó con la pernoctación, y al día siguiente acudieron al obligado chapuzón en el mar.

 

En diversión dentro del agua, a poca profundidad, veían un promontorio rocoso adonde iban los "buchones" o "sanmartines", a muchos metros de la playa.  Admirada por la agilidad de aquellas aves, nuestra amiga comentaba a los demás, "¡qué bonito sería poder ir hasta allá!".  Se adentró un poco y, mirando el Cielo, daba gracias a Dios por aquellos momentos, la vista del azul infinito.

 

Empezó a flotar de espaldas, y continuó agradeciendo a Dios en sus adentros por todos los dones recibidos, la oportunidad de aquella diversión, y se preguntaba si la estaría escuchando.  Sin darse cuenta, se durmió y siguió soñando cosas muy bonitas, y sentía estar volando.  Aún sin despertar, empezó a oír aves, y a Dios que le decía: "Fulana, despierte que ya está muy largo".  Le tocaba el pie, y oía que la llamaba.

 

Volvió a sentir que le tocaba el pie, y se despertó; abrió los ojos, y vio los pájaros muy cerca, en la roca donde se posaban aquellos zambullidores.

 

Había estado flotando dormida en el mar, quizá por más de 100 m.  Supo después que uno de los paseantes le había estado gritando, y posiblemente fueron esas voces la que la despertaron.

 

La preocupación de los asistentes se volvió alegría, cuando se fue acercando por sus propios medios de regreso a la orilla. Alguna de las paseantes había pensado que era una bolsa que flotaba.  Ese viaje, y el paseo sobre el agua de aquella amiga, durante años han permanecido en el grato recuerdo de esa numerosa delegación de domingueños, hoy bastante mayores.

 

En observación de un mapa de acercamiento, podría haber sido la que en ese sitio se llama Roca Tortuga, que está como a 100 metros de la línea de pleamar.  Es bonito recoger anécdotas de las generaciones anteriores de este cantón, en especial las de su tiempo de niñez y juventud, pero también las que han podido disfrutar en compañía de sus coterráneos más recientemente.

 

Juan E Cruz A                                28-4-2021

viernes, 12 de marzo de 2021

 

20 años

El 10 de marzo del 2001 mi madre recibió un homenaje de la Municipalidad, presidida por Emilio Arias Rodríguez en el Concejo, y que organizó la estimable vecina Sandra Vargas Solís, encargada de la Oficina de la Mujer, en el Salón junto al templo parroquial.

La publicación de un librito llamado Memorias de la Mujer Domingueña, la hicieron merecedora de ese gesto.  Quizá fue la primera vez que se realizó esta celebración en Santo Domingo, o la primera del siglo, y en lo sucesivo mi mamá fue invitada con frecuencia a actividades relacionadas con la promoción de la mujer.

El 28 de setiembre del 2009, en el aniversario cantonal, estuvo en otro sentido acto en el parque, en homenaje a personas centenarias y a algunas damas que consideraban destacadas, como doña Emilce Fonseca Arce, doña Maria Rosa Zamora Azofeifa, y mi mamá Elsa Azofeifa Bolaños.  Personas que ya gozan de la presencia de Dios, según nuestra fe.

En el 2011, día de su cumpleaños 80, las ex integrantes de la Filarmonía Municipal Femenina de los años cuarenta, asistieron en la Biblioteca Municipal a una bella celebración en su honor.

Fueron de mucho agrado para mamá todas esas ocasiones.  Publicó tres breves documentos o libritos como el mencionado al inicio, inspirado en su madre y en la generación de mujeres de su tiempo de juventud; una segunda recopilación fue para la memoria de su padre y de su familia, y finalmente unas remembranzas o reminiscencias de su pueblo en los años cuarenta.

Siempre dispuesta a manifestar el amor a sus progenitores, en 2011 elaboró un folletito semi genealógico, y toda la familia asistió a su presentación y distribución, que ella dedica con todo fervor a "papá y mamá".  Aún elaboró un borrador sobre las muchas viviendas humildes por donde su familia, en sus grandes estrecheces económicas, pudo acogerse en el pueblo, el cual no llegó a ver en vida.  Fue ese traslado de habitación lo que más le permitió conocer a personas de toda la comunidad, para elaborar sus Reminiscencias.

Tuvo otras figuraciones, sencillas pero sentidas, en mensuarios del cantón y ediciones sobre la memoria colectiva, y en la revista Su Casa sobre cantones,  del Grupo Nación, además de menciones en el Grupo Cívico Domingueño, a cuya integración ella me impulsaba.

En ocasión de varios aniversarios de familia y de cantón, agradezco a todas las personas que hicieron posible a mi mamá sentirse bien.

 

Atte. Juan E. Cruz A.       10 de marzo 2021

 

martes, 9 de marzo de 2021

Intervención de rutas cantonales. El estado por medio de la ley 21553 aprobada recientemente deja a las comunidades indefensas ante el poder que le da al Conavi para poder intervenir rutas cantonales. Y nos preguntamos dónde queda la tan mencionada autonomía municipal.

 

Intervención de rutas cantonales

 

El viernes leí que el Presidente firmó la ley con expediente 21.553, la cual crea los pares viales como parte de la red vial nacional, y permite además a Conavi intervenir rutas cantonales.

Desconocía ese proyecto aunque a veces hice monitoreo en la página de la Asamblea Legislativa.  Estuve realizando una investigación histórico - jurídica y en noviembre pasado completé un borrador, que ahora tiene carácter académico.  El 2 de diciembre tuvimos una reunión de vecinos, aunque solamente acudieron 2 personas.  Constatamos que la suerte estaba echada, como algunos ya lo habían adivinado desde hacía mucho tiempo.

Se podría afirmar que existía razón de parte quienes sostuvimos desde mediados del 2018 que no existía marco legal para que Conavi tomara las vías cantonales.  Ahora no es solamente voluntad administrativa la que va a afectar al cantón.

Adjunto el texto dirigido a varias personas. También está pendiente de firma un proyecto 21.318 sobre la movilidad peatonal.

Caben muchas reflexiones, a 100 años de una Ley de Caminos que intentó poner a las municipalidades en el centro de la escena, y del ímpetu de descentralización de fines de siglo hasta la ley 9329; pero hasta ahí.

 

Atte. Juan E. Cruz A.     8 de marzo 2021

 

 

lunes, 8 de febrero de 2021

La centella y la vaca chineada es un bonito y tierno cuento derivado de la década de los 40 en Santo Domingo de Heredia.

 La centella y la vaca chineada

Una anécdota de la primera mitad del siglo XX, en la famosa "década de los cuarenta" en Santo Domingo.

Se podría titular "el cuento de la centella y de la vaca chineada", contada por una de sus protagonistas.

En su casa, cerca del parque que era plaza de futbol, y como se acostumbraba todavía, tenían una vaca en el solar; era muy mansa y gustaba jugar con los niños y preadolescentes, tanto así que después de que la ordeñaba el señor de la casa, se recostaba para que los niños, cada uno con su vasito, la ordeñara y tomara "leche al pie de la vaca".  Era de la raza jersey, color amarillo con algo de blanco, o, quien sabe, tal vez de aquel ganado costarricense pinto anaranjado.  Era llevada a pasar la noche a un potrero cuadras abajo, pues había espacios en la ciudad para esos propósitos.

Un día de tantos, se oyó un estrépito y se vio un fuego en el patio, donde el animal estaba amarrado.  Sintieron caer algo incandescente que hizo una chamusca de arbustos, y tal fue el susto de la vaca que el mecate se rompió; salió corriendo y se metió en la casa.  Recogieron una piedra aún caliente, en forma de semicono o cono truncado, de color negro, que guardan en su hogar y siempre han conocido como "la centella".

Pues resultó que el animalito pasó un tiempo en El Coyol de Alajuela, donde unos parientes, en "repasto".  Unas semanas después, el "pater familias" organizó una excursión hasta allá, y cuando el vacuno vio a los niños, empezó a cabritar de alegría.  Jugaron con ella mucho rato, y al caer la tarde ya estaban de vuelta en casa. 

Al amanecer, empezaron a oír un mugido que parecía conocido.  La que lo cuenta dijo a su padre que le parecía el de la vaquita.  Incrédulo, el señor abrió la puerta y confirmó que, en verdad, se habría venido caminando aquel espécimen desde tan lejana tierra.

El animalito murió de muerte natural al cabo de un tiempo, y fue muy llorado por aquella camada de niños y jóvenes.  Lo enterraron en el potrerito donde tantas veces pasó su descanso nocturno, donde ahora está la torre de telecomunicaciones.


Juan E Cruz A            7-02-2021

jueves, 10 de diciembre de 2020

Una reseña sobre la participación de los deportistas de Santo Domingo de Heredia en Juegos Nacionales.

 

Santo Domingo de Heredia en los Juegos Deporstivos Nacionales

Según he leído la primera edición de los Juegos Deportivos Nacionales fue en diciembre del año 1976, aunque otras fuentes dicen 1979 y 1981 para el primer torneo.  En baloncesto masculino Santo Domingo presentó un equipo en ese año 1981, y clasificó, primero en Heredia tras vencer a Belén, y posteriormente a Goicoechea.  Recuerdo que en la visita a Guadalupe perdimos por un punto, y posteriormente, en el Gimnasio del Liceo de Heredia, ganamos por dos.

Sin embargo, Santo Domingo fue eliminado porque en nuestra alineación se incluyó un jugador que había estado en primera división el año anterior, en el equipo Asturias de Puntarenas, compañero allá de Alexander Guimaraes.

El traslado de los juegos de diciembre a enero 1982, por un "temporal" que afectó mucho el Caribe, facilitó la descalificación, pues el trámite en contra de Santo Domingo no habría sido posible por falta de tiempo.  También participó el equipo de béisbol, que sí pudo asistir a Limón.

En el siguiente año, el cantón de Heredia presentó un equipo superior a nuestras condiciones.  En el primer partido en San Rafael, el primer tiempo concluyó 29 a 21, pero ya se notaba la diferencia, y para el segundo tiempo el equipo nuestro claudicó muy pronto. 

Únicamente algunos jugadores mantuvieron el estandarte, como Luis Diego Molina Ruiz, fallecido en días recientes; él era un jugador más experimentado y se mantuvo en liza, al igual que su cuñado Édgar, siempre combativo.  Los demás "volcamos el rey" poco después del descanso intermedio.  Se admitían dos participantes pasados de la edad límite, y Luis Diego era uno de ellos junto con Emilio Vargas.

Otro de los jugadores, que falleció el mismo día que Luis Diego, fue Milton Villalobos, pariente suyo por el lado de su esposa, y la mayoría como él, con excepción de los antes mencionados, no alcanzaba a conformar un cuadro con el nivel suficiente para el acrecentado desafío.  En mi caso, la miopía era un sensible impedimento, que me hacía jugar con inseguridad y lentitud, algo que años después pude superar con los lentes de contacto.  El encuentro con algunos de aquellos compañeros de sana diversión, o su despedida cuando dejan esta tierra, siguen siendo momentos significativos.

No volví a interesarme por los juegos nacionales, salvo en su fase conclusiva anual, que era televisada; entre las últimas veces la de 1990, cuando fueron ganados por el cantón anfitrión, San Ramón.  El baloncesto, como todo deporte, fue de carácter más bien recreativo para mí y para aquellos con lo que compartía la cancha, apenas con participación en torneos de Juegos Laborales en ese espíritu, y lógicamente sin logros.

Otras representaciones del cantón, tanto en béisbol, como en el mismo baloncesto, voleibol, ciclismo, y otros deportes, han posicionado el nombre de Santo Domingo en lugares de honor.

Juan E. Cruz A.     9-12-2020